Cambios.

    La vida no cambia. Nosotros cambiamos y así, la cambiamos a ella.

El tiempo transcurre y las cosas van cambiando.

Ya no te divierte ver la tele, ya no te parece interesante quemar hormigas con una lupa, o ya no te gusta mirar cuando pasan los aviones.  A veces, todo se vuelve rutinario.

A veces, todo es un mundo nuevo. La vida nos abre nuevas oportunidades, de la misma forma en la que nosotros cerramos otras. Pero nos resignamos a aceptar las cosas como se van dando, a ver el panorama monótono y conformarnos con el resultado. Nos limitamos a observar desde lejos, la construcción de nuestra propia vida.

Hay cambios. Pero los debes generar tú mismo, ¿Quién si no? Recibimos un empujoncito, pero nosotros debemos esforzarnos. El cambio no es fácil para nadie. El tema es adaptarse a nuestros cambios. Si no te adaptas a tus propios cambios, de qué sirve cambiar? ¿Para vivir amargado por no haber hecho lo que siempre quisiste? ¿Para deteriorarme echado en el sillón viendo novelas turcas? ¿Para ver como todo mejora excepto tú? Los cambios son para bien si sabes controlarlos.

Adaptarse hace bien, si sabes cuando hacerlo. La vida nos va enseñando sobre la paciencia, sobre el amor, sobre la bondad, sobre la perseverancia, pero si no quieres aprender…Los cambios van a ocurrir sólos, y no podrás hacer nada para cambiarlo. Si no cambia uno, cambia otro.

¿Muchos cambios, no?

Pero sí se puede. 😉

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